Luciano “Chano” Rossi
Investigación

Diez proyectos quieren cambiar cómo votamos en Santa Fe: los leímos todos

Once expedientes de reforma electoral están en la Legislatura. Los analizamos artículo por artículo con la misma vara y publicamos el ranking completo, con la evidencia y la metodología a la vista.

3 min de lectura Luciano “Chano” Rossi
Una boleta única de papel de la provincia de Santa Fe sobre una mesa de votación
La boleta única es lo único que los once expedientes no discuten. Todo lo demás —umbrales, árbitro, dinero— está en juego.

La Constitución que Santa Fe reformó en septiembre de 2025 dejó una tarea pendiente y con plazo: dictar las leyes que organizan la justicia electoral, los partidos y las elecciones. Desde entonces se presentaron once expedientes en las dos cámaras. Entre todos definen cómo se va a votar en la provincia durante las próximas décadas.

Ninguno de esos textos se lee en cinco minutos. Suman más de 1.400 artículos y algunos llegan escaneados, sin capa de texto, con las firmas manuscritas. Así que los leímos completos, uno por uno, y armamos con eso el Observatorio de la Reforma Electoral: un ranking de los diez proyectos, fichas individuales con la carátula de cada expediente y un comparador que muestra qué dice cada uno sobre el mismo tema, con el artículo y la página al lado.

Lo primero que apareció: dos expedientes son el mismo proyecto

El expediente 53.337 de Senadores y el 59.407 de Diputados llevan el mismo título, la misma numeración de artículos y las mismas reglas. Es un texto presentado en paralelo en las dos cámaras, con siete diputados y once senadores firmando. En el observatorio se cuenta una sola vez, con los dos expedientes y los dieciocho nombres a la vista: contarlo dos veces habría inflado artificialmente el universo.

Dónde se juega la diferencia entre los proyectos

No es la boleta única: eso ya está saldado, todos la mantienen. Las diferencias reales están en tres lugares menos visibles.

  • El piso para entrar al reparto de bancas. Va del 3% al 5%, y algunos lo miden sobre el padrón —es decir, incluyendo a quienes no fueron a votar— y otros sobre los votos que efectivamente se emitieron. La diferencia entre una cosa y la otra decide si una fuerza con decenas de miles de votos entra o queda afuera. Un proyecto directamente prohíbe todo umbral.
  • Quién cuenta los votos. La mayoría deja el escrutinio definitivo en manos de la Justicia. Uno se lo entrega a una secretaría que depende del Poder Ejecutivo, es decir, a una de las partes que compite.
  • El dinero. Hay proyectos con topes por aportante, auditores con facultades reales y publicación de quién puso la plata. Hay otro que deroga toda la legislación anterior y manda fiscalizar una rendición de cuentas que después no escribe en ninguna parte.

El ranking no es una opinión, y se puede discutir

Cada proyecto se puntuó en quince dimensiones, y cada puntuación se puede abrir para ver la justificación y el artículo exacto que la sostiene. Como el orden depende de cuánto pese cada dimensión, el observatorio trae cinco modelos de ponderación y se cambia de uno a otro con un clic: se puede ver si el ganador se sostiene cuando lo que más importa es la representación, o la integridad, o la viabilidad institucional.

Cuando la diferencia entre dos proyectos es menor a un punto y medio, el sistema lo dice: empate técnico. Cuando un dato no aparece en el expediente —porque el sello es ilegible o porque el documento no trae firmas—, también lo dice, en lugar de completarlo.

Está publicado además el prompt metodológico completo, sin editar, para que cualquiera pueda revisar con qué reglas se hizo el análisis y rehacerlo con otras.

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